April 29, 2006

El sueño compartido.

Hará unos quince años me tope por casualidad con una película de detectives de finales de los ochenta llamada “Sea of love”. Esta cinta logró grabar permanentemente en mi memoria dos detalles.

1.- Una asociación de la canción titulada “Sea of love” con la idea de un amor triste y casi patético.
2.- La imagen de Al Pacino acostado junto a una prostituta en la posición de la cuchara.

Me permito explicar a detalle este último punto. Pacino es un detective que busca un asesino serial, pero en algún momento, paga a esta mujer de dudosa reputación para que duerma con él. Lo curioso es que es solo para dormir literalmente. El la instruye en como debe representar su papel, la invita a acostarse de lado, sugiriendo una posición fetal para que el pueda acoplarse perfectamente por atrás, justo como un par de cucharas. Él hace esto por que le recuerda a su difunta esposa, el sentimiento de seguridad de dormir a su lado. No recuerdo el final de la cinta.
Guarde esa idea por años con la esperanza de transformarla en algo mas complejo. Hace tan solo unos meses descubrí que Banana Yoshimoto lo logró antes que yo en su cuento “Sueño profundo”. En una historia secundaria del relato encontramos a una chica con un empleo extraño que ella bautiza como sueño compartido. El trabajo consiste en recibir a una persona por noche para que duerma junto a ella. Los clientes son jóvenes, adultos, ancianos, hombres y mujeres cuyo estrés en la vida laboral o diaria no les permite dormir bien. Mucho menos descansar. Ella los recibe en compañía de una cómoda cama y se acuesta junto a ellos para que ellos duerman, pero en el momento en que los problemas del cliente lo despiertan en la madrugada, ella esta ahí con una taza de te, de café o algo similar, pero mas importante, con una sonrisa. Una tranquilizadora sonrisa. Esta ahí para platicar, calmarlo y hacerlo dormir nuevamente. Lo que ella vende es comprensión, compañía, seguridad. Todo envuelto en una sábana.
El cuento menciona un lado oscuro de esta moneda también. El recibir los problemas de estas personas, el vivir constantemente para alguien mas termina por consumirla. Ella termina cometiendo suicidio. Todo exceso es malo.
Aún así la idea me parece en verdad sublime. La solución perfecta a mis constantes problemas de sueño. Una increíble manera de cimentar vínculos. Hacer de la cama una ofrenda a Hypnos y no a Afrodita.
Así que invito a todos a poner una sesión de sueño compartido en sus listas de cosas por hacer. De ser posible invítenme.

Saludos.

April 26, 2006

Desde un celular... (Para Abby)

“Lo unico que me duele de morir, es que no sea de amor” GGM
“Is there anybody out there?” PF
“Why can’t I be you?” TC

Esos fueron los últimos tres mensajes de ese día. Con esos complete los mil setecientos mensajes a celular en tres meses. Mil setecientos mensajes a mil setecientos números distintos. Mil setecientos pensamientos prestados. Ninguna respuesta. Pensaba que seguro creían que se trataba de una nueva e ingeniosa campaña publicitaria. Cuando comencé a hacerlo me imagine que era una manera graciosa de intentar un “llamado de apareamiento”, mientras pasaban los días sin respuesta, se convirtió simplemente en un llamado. Un silencioso grito que no logró llamar la atención de casi dos mil personas.
En un mundo donde los identificadores de llamadas nos permiten evitar las de desconocidos o las no deseadas, donde podemos bloquear todos los correos electrónicos que no sean nuestros “contactos”, donde nadie abriría una carta extraña por temor a un ataque terrorista. ¿Cómo se supone que introduzcamos algo nuevo a nuestras vidas? ¿Debemos esperar a que esto se presente por si mismo?
Fue en ese momento que algo paso. Sin la fanfarria celestial ni la misteriosa iluminación divina, mi celular se retorcía sobre la mesa anunciando un mensaje nuevo. ¡Una respuesta al fin! Un tanto nervioso recogí el aparato. “Let me take you down” L&M. Era todo. Busqué el número en mi registro. Es la contestación al mensaje mil quinientos veintiséis. El que yo mandé decía: “All the lonely people, where do they all belong?” L&M. Tardó poco mas de dos semanas en enviarme esa línea. ¿Cómo debo interpretarla? ¿Una invitación a seguir el juego? ¿Un reto?. Dedique esa noche a encontrar algo para regresarle la pelota. “Louie, I think this is the begining of a beautiful friendship” R.B. Eso quedaría guardado como el mensaje mil setecientos uno. El primero en ser parte de una conversación.
Las frases siguieron llegando. Usamos casi siempre frases de canciones. Nunca algo anterior a los ochenta. Pasadas dos semanas más ya solo le mando frases a esta persona. No llego nunca respuesta de alguien más. Tres meses más tarde he encontrado maneras de preguntarle datos personales y ella ingeniosamente ha encontrado respuestas a medias. Se que es una mujer. Entre veintiséis y veintinueve años. Que comparte el nombre con una flor. Que su color favorito es el lila. Que trabaja en algo relacionado a la salud. Que vive en la ciudad de Puebla. Lo que considero muy apropiado. Que la fotografía es uno de sus pasatiempos. Que disfruta las películas de acción. Que sueña con ir a Europa. Que esta casada y que tiene un par de hijos.
Nuestro juego continúo un par de mese mas antes de que yo lo echara a perder. En algún punto confundí las cosas. Es en el mensaje dos mil ciento noventa y siete que le digo que necesito verla. Darle un beso. Amarla. Así, sin referencia musical ni nada. No me llega nada de regreso esta vez. Espere varios días y nada. El ansia pudo más que yo y empecé a escribirle más. Un mensaje tras otro. “¿Cómo estas?” “¿Fue un buen día en el trabajo?” Incluso regresé a las frases “I didn’t mean to hurt you. JL” Sin respuesta aún. La duda me atacó toda la noche pensando que tal vez destruí algo especial. Deje que otras partes de mi cuerpo pensaran por mi. Me levanté temprano de la cama sin haber conciliado el sueño. Con una resolución nueva. Arregle mi maleta mientras pensaba en que necesitaba disculparme. En que necesito la disculpa de tus labios y no de tus dedos. Llame para reservar un boleto para Puebla. En unas horas estaré allá. Dispuesto a encontrarla. En fin, ¿Cuántas flores con domicilio conocido puede haber en esa ciudad?

April 14, 2006

Compartiendo la soledad

Después de un par de semanas de reflexión he decidido que la primer entrada será dedicada a la soledad. Y es que la soledad juega un papel importante en la vida. En la mía sobretodo. Es a través de ella que me permito experimentar todo lo demás. Puede que no lo creas. Que te suene extraño. Pero te aseguro que es verdad. Analicemos.
Salvo el sexo, las mejores cosas de la vida solo pueden disfrutarse a solas. La literatura se disfruta a solas con un libro, cuando mucho una taza de café puede hacer un tercio. Si es uno el que escribe, el papel y la pluma (o un ordenador) no permitirán esa tercera persona. Si es música lo que ocupa tu tiempo, sabes que escuchas la melodía o a la persona que te acompaña. Una buena película exige un par de horas de tu vida a cambio de algún tipo de compensación emocional. Y así todas las cosas piden tu completa atención para poder ser disfrutadas al máximo. Es solo hasta después que…
Una vez que todo lo que estas cosas te han dado, se ha digerido, puedes compartirlo. Compartir la soledad. Con algo de suerte podrás encontrar una o dos soledades afines a la tuya. Unas diferentes pero interesantes. ¿No somos después de todo una comunidad de solitarios? ¿O a caso hay alguien contigo del otro lado del monitor?
Bienvenidos
(Muchas gracias Emma!)