April 26, 2006

Desde un celular... (Para Abby)

“Lo unico que me duele de morir, es que no sea de amor” GGM
“Is there anybody out there?” PF
“Why can’t I be you?” TC

Esos fueron los últimos tres mensajes de ese día. Con esos complete los mil setecientos mensajes a celular en tres meses. Mil setecientos mensajes a mil setecientos números distintos. Mil setecientos pensamientos prestados. Ninguna respuesta. Pensaba que seguro creían que se trataba de una nueva e ingeniosa campaña publicitaria. Cuando comencé a hacerlo me imagine que era una manera graciosa de intentar un “llamado de apareamiento”, mientras pasaban los días sin respuesta, se convirtió simplemente en un llamado. Un silencioso grito que no logró llamar la atención de casi dos mil personas.
En un mundo donde los identificadores de llamadas nos permiten evitar las de desconocidos o las no deseadas, donde podemos bloquear todos los correos electrónicos que no sean nuestros “contactos”, donde nadie abriría una carta extraña por temor a un ataque terrorista. ¿Cómo se supone que introduzcamos algo nuevo a nuestras vidas? ¿Debemos esperar a que esto se presente por si mismo?
Fue en ese momento que algo paso. Sin la fanfarria celestial ni la misteriosa iluminación divina, mi celular se retorcía sobre la mesa anunciando un mensaje nuevo. ¡Una respuesta al fin! Un tanto nervioso recogí el aparato. “Let me take you down” L&M. Era todo. Busqué el número en mi registro. Es la contestación al mensaje mil quinientos veintiséis. El que yo mandé decía: “All the lonely people, where do they all belong?” L&M. Tardó poco mas de dos semanas en enviarme esa línea. ¿Cómo debo interpretarla? ¿Una invitación a seguir el juego? ¿Un reto?. Dedique esa noche a encontrar algo para regresarle la pelota. “Louie, I think this is the begining of a beautiful friendship” R.B. Eso quedaría guardado como el mensaje mil setecientos uno. El primero en ser parte de una conversación.
Las frases siguieron llegando. Usamos casi siempre frases de canciones. Nunca algo anterior a los ochenta. Pasadas dos semanas más ya solo le mando frases a esta persona. No llego nunca respuesta de alguien más. Tres meses más tarde he encontrado maneras de preguntarle datos personales y ella ingeniosamente ha encontrado respuestas a medias. Se que es una mujer. Entre veintiséis y veintinueve años. Que comparte el nombre con una flor. Que su color favorito es el lila. Que trabaja en algo relacionado a la salud. Que vive en la ciudad de Puebla. Lo que considero muy apropiado. Que la fotografía es uno de sus pasatiempos. Que disfruta las películas de acción. Que sueña con ir a Europa. Que esta casada y que tiene un par de hijos.
Nuestro juego continúo un par de mese mas antes de que yo lo echara a perder. En algún punto confundí las cosas. Es en el mensaje dos mil ciento noventa y siete que le digo que necesito verla. Darle un beso. Amarla. Así, sin referencia musical ni nada. No me llega nada de regreso esta vez. Espere varios días y nada. El ansia pudo más que yo y empecé a escribirle más. Un mensaje tras otro. “¿Cómo estas?” “¿Fue un buen día en el trabajo?” Incluso regresé a las frases “I didn’t mean to hurt you. JL” Sin respuesta aún. La duda me atacó toda la noche pensando que tal vez destruí algo especial. Deje que otras partes de mi cuerpo pensaran por mi. Me levanté temprano de la cama sin haber conciliado el sueño. Con una resolución nueva. Arregle mi maleta mientras pensaba en que necesitaba disculparme. En que necesito la disculpa de tus labios y no de tus dedos. Llame para reservar un boleto para Puebla. En unas horas estaré allá. Dispuesto a encontrarla. En fin, ¿Cuántas flores con domicilio conocido puede haber en esa ciudad?

1 Comments:

Blogger Abbita said...

Gracias Totales!!!
definitivamente la espera valio la pena!!!

besos dulces azucarados

12:54 PM  

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